La flauta mágica (título original en alemán: Die Zauberflöte) es un singspiel en dos actos con música de Wolfgang Amadeus Mozart y libreto en alemán de Emanuel Schikaneder.

Una impresionante obertura introduce al oyente en el fabuloso mundo de “La Flauta Mágica”, ubicado en un Egipto imaginario.

Una Serpiente gigante (símbolo oculto de la tentación y de los bajos instintos) persigue al príncipe Tamino quien, tratando de huir, se adentra en el bosque. Sin nadie que responda a sus llamadas de auxilio, cae desvanecido. Aparecen tres damas, sirvientas de la Reina de la Noche, y se deshacen de la serpiente, liberando así al príncipe Tamino. Por medio de un discurso lleno de alabanzas, las tres damas elogian la belleza del joven príncipe. Mientras las tres damas se alejan de la escena aparece Papageno, un habitante del bosque que se dedica a cazar pájaros para la reina a cambio de comida y bebida. Acompañado por las cinco notas de su flauta de pan entona una alegre canción (“Yo soy el pajarero”).

Tamino, recuperado de su desvanecimiento, cree encontrar en Papageno a su salvador, mientras que éste no hace nada para desmentirlo. Su castigo por tal mentira no se hace esperar. Reaparecen las tres damas y castigan el engaño cerrándole la boca con un candado. Las damas muestran a Tamino un retrato de la hija de su señora, la Reina de la Noche, y éste, al verlo, queda enamorado. Conmovido por la visión de Pamina, Tamino entona una magnífica Aria (“Este retrato es de una belleza encantadora”). La Reina de la Noche hace una entrada triunfal y, conmovida por las palabras de amor del príncipe, se dirige a éste para contarle la historia de su hija: ha sido secuestrada por Sarastro y si él logra rescatarla obtendrá su mano. Tamino acepta el ofrecimiento y a cambio, las tres damas le entregan una flauta para hacer frente a las aventuras que le esperan. A Papageno, quien no muestra especial interés en formar parte del equipo de salvamento, le entregan un carillón. Asimismo, tres jóvenes les acompañarán para protegerles. Los dos salvadores emprenden su camino.

EN EL TEMPLO DE SARASTRO.

Monóstatos, un esclavo de Sarastro, acosa a Pamina, de quien está enamorado y a quien ha descubierto intentando huir. En este momento llega Papageno, cuyo aspecto asusta a Monóstatos, convencido de que se trata del mismísimo diablo. Lo mismo le ocurre a Papageno, si bien éste se recupera al rato y le explica a Pamina que ha llegado la hora de su libertad. Sus libertadores acaban de llegar y, puesto que uno de ellos es un joven príncipe, Tamino y Papageno unen sus voces en un cántico amoroso.

Con la ayuda de los tres jóvenes acompañantes, Tamino se acerca a las puertas del templo. Para su sorpresa, Tamino se da cuenta de que no se trata de la fortaleza de un tirano, tal y como había imaginado, sino de una residencia donde reinan la sabiduría y la humanidad.

Antes de despedirse de Tamino, los tres jóvenes le aconsejan no  ceder a tentación alguna y a ser paciente y guardar silencio. Tamino intenta,  infructuosamente, entrar dentro del templo. Aparece solemnemente un sacerdote, ante quien Tamino intenta justificar su presencia e intentos de acceder al recinto. El sacerdote le explica que mientras lleve consigo pensamientos de venganza nunca conseguirá acceder al reino de la sabiduría y que Sarastro es un gobernante sabio y virtuoso. Impresionado por las palabras del sacerdote, Tamino toca su flauta y, tras recibir respuesta del carrillón de Papageno, corre a su encuentro.

Papageno y Pamina entran, pero Monóstatos y sus ayudantes les impiden cualquier movimiento. Papageno toca su carrillón y con ello encanta a Monóstatos y a los suyos, quienes se lanzan a un baile delirante. Los dos huyen.

Solemnes acordes anuncian la entrada en escena de Sarastro, a quien Pamina pide compasión, mientras que a Tamino, que ha sido capturado por Monóstatos, se le permite la entrada. Al verse, Tamino y Pamina se enamoran inmediatamente.

Sarastro, no obstante, indica que todavía no ha llegado la hora de su unión y les urge a prepararse para ser iniciados en los misterios de la sabiduría. Con los ojos vendados, los candidatos abandonan la escena y con ello termina el primer acto.

EN LA SALA DE FIESTAS DEL INTERIOR DEL TEMPLO.

Sarastro propone a los sacerdotes la “iniciación” de Tamino. Sólo Tamino, a quien Sarastro ve como un ser humano y no como un príncipe, podrá rescatar a Pamina, siempre y cuando supere la prueba.

Pamina recibe una vez más el acoso de Monóstatos. Justo en el momento en que intenta besar a Pamina, que yace dormida, aparece la Reina de la Noche, cuya presencia asusta a Monóstatos, quien huye. Cuando Pamina despierta, su madre le incita a asesinar a Sarastro. (Para esta escena, Mozart escribió un aria llena de dificultades técnicas). En ese momento aparece Monóstatos, que ha oído la conversación e intenta hacerle chantaje. No obstante, el anterior diálogo también ha sido escuchado por el rey, quien manda detener al esclavo. Pamina le reclama compasión para su madre. Sarastro la consuela y le pide paciencia y comprensión: “En estas habitaciones sagradas no hay lugar para la venganza…”-

Tamino y Papageno siguen en el templo callados, a fin de superar la prueba que se les había encomendado; guardar silencio. Pamina aparece en escena y saluda a Tamino. Al no obtener respuesta, se cree despechada y se dirige a Papageno, quien enfrascado en devorar su comida y bebida no alcanza a pronunciar una respuesta inteligible. Con el corazón roto, Pamina canta una de las arias más nobles de la ópera: “Ah, siento que el júbilo del amor ha desaparecido para siempre…”.

Papageno no ha superado la prueba y, en consecuencia, se le cierran las puertas hacia el camino de la sabiduría. No le afecta en absoluto y declara que lo único que le importa es saber cuando conocerá a su futura esposa. Canta: “Lo que Papageno desea es una muchacha o una esposa”. Entonces aparece una venerable anciana que le pide que se case con ella. Éste, por miedo a quedarse solo, acepta y le jura fidelidad eterna. En este momento acontece el milagro y la anciana se convierte en la joven y hermosa Papagena. Cuando se dispone a abrazarla, el sacerdote del templo se lo impide, pues primero deberá merecerla.

Pamina se desespera. Si Tamino no le corresponde su vida carece de sentido. Decide quitarse la vida, pero los tres jóvenes intervienen y la convencen para que no lo haga, al tiempo que le explican que acompañará a su amado en su camino hacia la prueba más dura.

Con la música de la flauta mágica, los dos amantes salen indemnes de la travesía a través del fuego y del agua y llegan a la puerta del templo de la sabiduría de Isis y Osiris.

Papageno está desesperado, ha perdido a su amada y teme quedarse solo. En ese momento, cuando está determinado a suicidarse, recuerda que puede usar el carrillón. Lo hace y aparece Papagena. En un dueto amoroso ambos declaran su amor y cantan sobre los hijos venideros.

Una vez más, no obstante, las fuerzas del mal vuelven a aparecer, encarnadas en la figura de la Reina de la Noche y de Monóstatos, quienes intentan destruir el templo de Sarastro y asesinar al propio monarca. Una ráfaga de relámpagos ytempestad los arroja al suelo y emerge el templo solar de Isis. La ópera termina con la iniciación de los amantes por parte de Sarastro.

Wolfang Amadeus Mozart compuso la música de “La Flauta Mágica” en sólo tres semanas, pocos meses antes de su muerte en 1971, tras recibir el encargo de su amigo masón Emanuel Schikaneder.
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Reparto

Tamino Luis Pacetti
Pamina Lourdes Martín
Reina de la noche Helena Gallardo
Papageno Antonio Torres
Sarastro Juan Manuel Maruaga
Papagena Victoria Orti
Monóstatos Pablo Prados
Dama primera Victoria Orti
Dama segunda María de Félix
Dama tercera Nuria Pérez

Ficha Técnica

Coreografía Aida Sánchez
Maestro repetidor Félix Rodríguez
Sastrería Victoria Rubio
Escenografía  Guillermo Díaz
Diseñador gráfico Sergio Martín
Regiduría Eva Gallardo